Si no me equivoco, durante este último mes y medio fui a más carreras de ciclocross que el resto de mi vida, lo cual es inaudito a la par que increíble. Es inaudito porque no es nada habitual verme sacando fotos de una modalidad en la que no llevan suspensiones, no pegan botes de dos metros de alto y no llevan ruedas gordas ni protecciones de cuerpo ni casco integral ni nada de nada. Y es increíble porque hasta ahora era de los que en invierno prefería quedarme en casa vegetando antes que mojarme y/o coger frío gratuitamente.
