Las tardes de invierno no molan. Nada. ¿Por qué? Porque hace frío, porque llueve, porque me aburro un montón, porque el Danza Kuduro ya no suena a todas horas... Pero sobre todo, porque no hay luz. Y cuando digo que no hay luz me refiero a que a las cámaras de fotos se les hace de noche muy pronto, y cualquier foto que se saque a partir de las cinco y pico sin trípode -con trípode la vida sigue siendo maravillosa- viene siendo lo que se conoce comúnmente como una mierda pinchada en un palo.